Trailer de Masterplan

Criticas

Fernando Juan Lima / El Amante

En la reseña de Novias- Madrinas- 15 años para el Bafici 2011 (EA 228) destacábamos su abundante dosis de humor, dudando de si era perseguido, voluntario o simplemente encontrado, fruto del algo azaroso, reflejo de la realidad que se documentaba. En esa primera película de los hermanos Levy no podía dejar de advertirse, además, una mirada que, de tan porteña, terminaba siendo universal. Un año después, Masterplan viene a confirmar, ahora a través de una ficción, que esos elementos –una fuerte apuesta al humor y a no perder la identidad– siguen constituyendo la esencia de un dúo de directores a los que cabe seguirles el rumbo. Por una parte, esta segunda película sirve en cierta medida para dar respuesta a la duda planteada en el primer párrafo: basándose ahora en un inspirado guión, la incorporación “como actores” de varios de los personajes de su opera prima (papá Levy incluido), indicaría que en ella no todo fue tan casual y carente de guión… O que los Levy tienen un fantástico olfato para descubrir capacidades histriónicas en personas que discurren sus vidas en lugares ciertamente alejados del mundo del cine y del teatro. Pero, desde otro lado, Masterplan no renuncia a la marca de fábrica, a la identidad de lo porteño. El hacerse fuerte en el guión no lleva a la conocida (y desabrida) apuesta de diluir todo rasgo propio (individual y colectivo) para construir una comedia apta para todos los públicos. Y no hablamos de edades, sino de todo ese territorio sin fronteras que se abre desde Miami hasta Tierra del Fuego, en el que una acomodada clase media de Santiago, Bogotá o Buenos Aires comparte los mismos deseos, problemas, experiencias, hasta arquitecturas. Hay sí un estándar común que constituye la base de la trama: Mariano (Alan Sabbagh), próximo a casarse con su novia (Paula Grinszpan), imagina con su cuñado (el propio Pablo Levy) una estafa a través de la compra de electrodomésticos con su tarjeta de crédito y posterior denuncia de su robo. Las reglas del género indican que todo deberá complicarse, pero el cómo, la aparición de nuevas situaciones y personajes, demuestra que sobre ese estándar se proponen variaciones muy particulares, muy porteñas. Así, por ejemplo, para escapar de una investigación que le pisa los talones (o no tanto, pero la paranoia indica otra cosa), Mariano deberá abandonar y simular el robo de su amado Siam Di Tella de colección, donde va a vivir un vagabundo (uno de los trabajadores de la sedería en Novias- Madrinas- 15 años). El círculo de mentiras se irá cerrando, con el consiguiente impacto en la relación del futuro matrimonio. Pero no es cuestión de adelantar la trama, menos aún de imaginar cuál sería el happy ending en ese contexto. Lo que se destaca es la seguridad en el paso del documental a la ficción sin perder la esencia, la identidad, la mirada. Se nota un guión bien trabajado, con mucho detalle de observación porteña, no porteñista, que no abusa del detalle de “color local”. Cada situación, cada lugar, cada personaje, aun con los arquetipos y excesos que reclama la comedia, resulta reconocible, creíble, verosímil. Los remates –incluso los algo insólitos– funcionan desde lo cómico pero no desconciertan, no se ríen de sus personajes, no son imposiciones del guión. Masterplan no es un intento más de hacer una sitcom desde algún lugar de Latinoamérica. Masterplan es cine. Es cine argentino. Y, más allá del excelente guión y la lograda composición de personajes, son sus rasgos característicos los que, lejos de expulsar al extranjero, al no iniciado, al ajeno a la cofradía porteña, hacen más personal y disfrutable esta gran comedia.

Natalia Trzenko / La Nación

Hay films de desarrollo forzado en los que cada escena parece ir en contra de la corriente. Interesantes ejercicios cinematográficos, más o menos logrados, que suelen encontrarse en el Bafici. Lo que es menos habitual, aunque no inédito, es ver una película como Masterplan cuyo relato fluye con una naturalidad asombrosa. La primera ficción de los hermanos Levy -el año pasado presentaron aquí el documental Novias-Madrinas-15 años- es una comedia con un guión sencillo (escrito por los directores junto con Marcelo Panozzo) de ritmo perfecto, una habilidad que ya se insinuaba en aquel primer film. Aquí todo gira en torno a Mariano Cohen (un brillante Alan Sabbagh), envuelto por su cuñado (uno de los directores) en una pequeña estafa que lo empuja a su infierno más temido: la pérdida de su viejo coche Siam, y gracias a la que conocerá a Andrés, interpretado por Andrés Calabria, que, como en Novias-Madrinas-15 años, vuelve a robarse la película.

Diego Lerer / Clarin

Mariano se prende en una estafa con una tarjeta de crédito que se complica y lo obliga a abandonar su auto para justificar el robo de la tarjeta en cuestión. Las derivaciones de ese caso son el centro de esta simpática comedia, con momentos muy graciosos, que toma esa situación como punto de partida para hablar de la crisis de un hombre (muy bien Alan Sabbagh) que está a punto de irse a vivir con su novia y, como le cuesta decidirse a dar el paso, se enreda cada vez más en esta ridícula situación, en especial con un vago que vive en su “auto autorobado”, y que encarna de manera muy graciosa Andrés Calabria, uno de los empleados de NOVIAS – MADRINAS – 15 AÑOS, anterior filme de los hermanos Levy.

Diego Batlle / Otros cines

En primera instancia, este debut en el largometraje de ficción de los hermanos Levy luego de su interesante presentación en sociedad con el documental Novias - Madrinas - 15 años es una comedia con toques de humor sobre la familia judìa con el énfasis puesto en una pequeña estafa que sale mal.

Sin embargo, con el correr del relato, el (auto)robo de un auto (un impecable Siam Di Tella) o los engaños con tarjetas de crédito van dando lugar a una zona bastante más delirante y sensible a la vez, en la que Mariano (Alan Sabbagh), notable antihéroe del film, encuentra en una insólita, improbable amistad con un homeless al que le falta (por lo menos) un tornillo (Andrés Calabria) un refugio frente a un universo personal que parece desmoronarse.

La presentaciòn del film (Mariano está a punto de mudarse con su novia y trabaja en una agencia de publicidad) sirve para construir el personaje principal, pero es en esa segunda mitad cuando la pelìcula consigue un tono y un vuelo realmente propios.

Aún con ciertas limitaciones en la puesta en escena, los Levy se sostienen en un buen guión y, sobre todo, en las excelentes actuaciones de Sabbagh y de ese freak que es Calabria (uno de los vendedores de Novias - Madrinas - 15 años). El timing cómico (físico y verbal) que consiguen en muchas escenas es algo que no abunda en el cine argentino. Además del salto que significa para los Levy, Masterplan es una demostración más de la amplitud con que el BAFICI -a pesar de los prejuicios y preconceptos con que suelen castigarlo- programa sus competencias oficiales.

Quintin / La lectora provisoria

Con regularidad cada vez más inevitable, los directores de las películas argentinas del Bafici son egresados de las escuelas de cine. Es raro encontrar un caso como el de los hermanos Levy, que el año pasado presentaron Novias, madrinas, 15 años, un pequeño documental, sobrio, inteligente y cariñoso, sobre los empleados de la mercería que el padre de ambos tiene en el Once. Esta vez, con la colaboración en el guión de Marcelo Panozzo (que tampoco viene de una escuela de cine) se animaron a una también pequeña película de ficción. Masterplan recuerda un poco a Los guantes mágicos de Martín Rejtman por el humor absurdo y el amor fetichista del protagonista por su auto.

La película tiene un planteo ingenioso y divertido. Alan Sabbagh intenta una pequeña estafa y para que no lo pesquen termina dejando abandonado su impecable Siam Di Tella en la calle. Sin el auto, el personaje se pone cada vez peor, se lleva mal con la novia y con los compañeros de trabajo, vive atormentado y solo lo consuela la amistad de un loco que vive en la calle (el actor, graciosísimo, es uno de los famosos empleados de la mercería). Hay una serie de situaciones muy divertidas motivadas por el tironeo entre el temor de ir preso y el dolor por perder el coche.

Hay algo que decir del amateurismo de los Levy. La película no tiene nada que envidiarle en su ejecución a los profesionales y durante más de una hora desparrama alegría y hasta una pequeña dosis de suspenso. La única diferencia con los jóvenes profesionales es que los Levy no consideran necesario seguir desarrollando la trama y la película se termina un poco abruptamente, como si se hubieran cansado de jugar al cine y tuvieran cosas más importantes que hacer. Que alguien filme con esa idea libre de compromisos y ataduras es refrescante frente a la pléyade de competidores en la carrera de la zanahoria, pero es también un poco frustrante. ¿Qué se hace con una película como esta?

Nuncio Belardi / Cinepata

La sala está llenísima. Esto no es un Cine, es un Teatro. Teatro CCC 25 de Mayo. Eso ya dice mucho de la calidad de una sala de cine, pues los cines que se llaman teatro son los mejores. El presentador toma el micrófono y nos cuenta orgulloso que la película que veremos es una comedia. No es la típica película BAFICI “donde tenés el plano de una mosca volando por dos horas sin que pase nada. Acá hay trama, hay narrativa, hay historia. Con esta se reirán”. Y la gente se ríe.

Masterplan cuenta la historia de Mariano (Alan Sabbagh). Un tipo bueno, enamorado de Jackie (Paula Grinszpan), su novia; encariñado con su auto, un Siam Di Tella. Mariano comete el craso error de confiar en el rata de su cuñado (Pablo Levy). Bueno, el tema es que Mariano se va a casar con Jackie y para eso quiere más dinero. Su cuñado le cuenta de este plan que es infalible. Tiene que ver con simular que le han robado la tarjeta de crédito. Obviamente todo sale mal y Mariano termina mintiéndole a la compañía de seguros; deshaciéndose de su auto –ya que la billetera, donde estaba la tarjeta de crédito, estaba dentro del auto que también le “robaron”- y lidiando con una novia que no entiende por qué su novio anda tan raro. Pero no se equivoquen, esto es una comedia y es de las mejores.

Sabbagh se luce como Mariano, siempre tenso, estresado, paranoico, sudado. Siempre mintiendo, improvisando. En la agencia de publicidad donde trabaja, sus compañeros (¿sus amigos?) se ríen de él y Mariano ya está enojado, tiene que auto-sacarse de ese hoyo. Para liberar el stress comienza a visitar el lugar donde “le robaron” el auto. Allí conocerá a Andrés (Ángel Andrés Calabria), un vagabundo de gran corazón (se roba la película), que hizo del pequeño auto su casa. Y a medida que la relación con Andrés se vuelve cada vez más linda y cercana, la relación con Jackie se hace más fea y lejana. Pero, les reitero, esto es una comedia. Y funciona porque Sabbagh, quizás sin saberlo, hace reír. Lo vemos nadando en una piscina y es chistoso; lo vemos jugando con un helicóptero a control remoto y es chistoso. Cuando un actor o comediante hace algo común, algo ordinario, algo que todos hacemos, pero su forma de hacerlo es divertida, sin ser forzada, sin ser diferente a como lo harías tú o yo, es porque tiene talento.

Esta es una comedia que tiene un tono muy similar a las de Apatow, tanto así que el cuñado, Pablo Levy, bien podría ser la versión argentinizada de Jay Baruchel. Es más, si llegan a realizar un remake gringo de esta peli lo podrían hacer perfectamente Baruchel y como Mariano, Jonah Hill. Pero no sólo está Apatow, también me recordó a la serie de HBO Bored to Death (que manera de echarla de menos), y por supuesto a Seinfeld. Mariano podría ser un primo de George Constanza. Por su parte, los diálogos son geniales, precisos. Como sacados de una película de Jarmusch. Los diálogos de la secuencia del restaurante de comida china son una joya. Cuatro personas en una mesa, un plano simple, una conversación. Risa tras risa. El arte del dialogo.

De todas las pelis que he visto en este BAFICI 2012, ésta ha sido la que más risa ha causado en la audiencia y no me sorprendería que se llevase el premio del público. Ya veremos.