Novias, Madrinas, 15 años

Criticas

Quintin / La lectora provisoria

Una película sin explotación étnica, sin mentiras y sin un argumento de ficción inflado y arbitrario. Esta es una película absolutamente seca, que no intenta nunca elevarse por encima de un proyecto modesto, preciso y firmemente sostenido en la coherencia. Al principio, uno se pregunta qué hace ahí, entre esos personajes que no son viejos, pero parecen resabios de una Argentina de hace por lo menos treinta años, el tiempo que dura la sedería donde las costumbres permanecen inalterables. Si el patrón es un amargo al que solo le gusta trabajar, los empleados son increíbles: el psicótico cantor, el jugador, el religioso, el aburrido. No hay nada moderno en ese ambiente, ni tampoco nada folclóricamente judío, a pesar del barrio y del apellido del dueño: otro de los méritos de la película es que no incurre nunca, como la de Burman, en el costumbrismo ni el cliché. Resulta realmente meritoria. Sin pretensiones, sin camelos, este nuevo caso de documental exhaustivo y serio se las arregla para hacernos ver que hay otras culturas en Buenos Aires, por fuera de la estridencia tinelliana y la monserga juvenilista. A su modo, lo que los hermanos Levy están mostrando es un modelo de resistencia, de fidelidad a uno mismo.

Diego Papic / Clarin

Una sedería del barrio del Once, que se confunde entre tantos locales parecidos, alberga a cinco personajes que vale la pena conocer. El Negro Levy es el dueño, cascarrabias y mal llevado, y están también sus cuatro empleados: el fanático de los Beatles, el loco con ínfulas de cantor, el adicto al juego y el evangelista. Todos trabajan con Levy hace más de veinte años, los cinco comparten su vida, se pelean, discuten, se amigan y se vuelven a pelear. Novias – Madrinas – 15 años es un documental muy simple -quizás demasiado, dirían sus detractores- pero tremendamente efectivo. La cotidianeidad del negocio, los yeites en la venta de cada uno, su relación con las clientas, está retratada con una intimidad de cámara oculta. Y las entrevistas a cada uno, con cámara fija y una tela de fondo, son rigurosas y sencillas. Una película chiquita y adorable.

Diego Brodersen / Pagina 12

Novias-Madrinas-15 años logra pintar un universo más amplio, más abierto a los ecos y reverberaciones de la vida. Y ello a pesar de no salir de un local de pocos metros cuadrados en la calle Azcuénaga. Los hermanos Diego y Pablo Levy encararon un proyecto en apariencia sencillo: retratar el ritmo cotidiano en la sedería de su padre, una típica casa de telas del Once. Lejos del aguafuerte judío de Daniel Burman en El abrazo partido, el documental presenta a un grupo de hombres de cierta edad –el mayor ronda los noventa años– haciendo lo que vienen haciendo desde hace décadas: vender telas a mujeres deseosas de ostentar un vestido a medida en alguna ocasión especial.
En apenas sesenta minutos y entrelazando las entrevistas a cámara (las mejores telas del
negocio de fondo) con el registro de charlas, ventas y momentos de distensión cotidianos, la película recrea un mundo que podría estar desapareciendo, en el cual el anecdotario e incluso los modos del habla aparecen como algo anacrónico. Novias -Madrinas-15 años no es una película ambiciosa, pero es precisamente en esa supuesta carencia donde los realizadores encuentran la mayor de sus virtudes. Concentrados en los sujetos que tienen delante de la cámara, evitando cualquier tipo de ornamentación estilística, encuentran dos o tres momentos de luminosa verdad.

Diego Batlle / La nación

Los hermanos Levy filman la cotidianeidad de la sedería del Once que desde hace décadas maneja su padre. Con testimonios a cámara (fija) tanto del patrón -de fuerte carácter- como de los viejos empleados (todos personajes bien porteños, con facetas hilarantes, al borde del patetismo, pero finalmente bastante queribles), y con imágenes que muestran la relación que establecen con los muy diversos clientes que llegan en busca de telas para sus vestidos de fiesta, el dúo construye una pequeña y simpática película, de esas que se ven con agrado y no tienen pretensiones de trascendencia.